La silenciosa osteoporosis, debido a una nutrición inadecuada

Osteoporosis nutricionista Pamplona

La silenciosa osteoporosis, debido a una nutrición inadecuada

La osteoporosis es una enfermedad esquelética en la que se produce una disminución de la densidad de masa ósea. Así, los huesos se vuelven más porosos, aumenta el número y el tamaño de las cavidades o celdillas que existen en su interior, son más frágiles, resisten peor los golpes y se rompen con mayor facilidad.

El hueso es una estructura formada por minerales como el calcio, el fósforo, el magnesio y flúor. Todos estos, junto con la acción específica de ciertas hormonas, dan forma, consistencia y dureza al esqueleto.

En el interior del hueso se producen durante toda la vida numerosos cambios metabólicos, alternando fases de destrucción y formación de hueso. Estas fases están reguladas por distintas hormonas, la actividad física, la alimentación, los hábitos tóxicos y la vitamina D, entre otros factores, como el alcoholismo, consumo de fármacos (glucocorticoides, tratamiento hormonal utilizado para el tratamiento de cáncer de mama y de próstata…), enfermedades inflamatorias reumáticas, endocrinas, hepáticas, insuficiencia renal, entre otras.

En condiciones normales, una persona alcanza a los 30-35 años una cantidad máxima de masa ósea (“pico de masa ósea”). A partir de ese momento, existe una pérdida natural de la misma. Siendo más frecuente en las mujeres por varios motivos: su pico de masa ósea suele ser inferior al del varón y con la menopausia se acelera la pérdida de hueso (osteoporosis posmenopáusica) debido a la caída de estrógenos.

El problema es que la osteoporosis es una enfermedad silenciosa porque no manifiesta síntomas hasta que la pérdida de hueso es tan importante como para que aparezcan fracturas.

A pesar de lo que se cree, la osteoporosis está más relacionada con un exceso de azúcar, hidratos de carbono refinados y de proteínas en la dieta que con un déficit de calcio. Si tu alimentación es rica en alimentos acidificantes, el organismo por naturaleza va a buscar la homeostasis, intentando alcalinizar el pH de la sangre. Para ello, busca en sus fuentes de reserva los minerales necesarios para corregir la situación.

Y, ¿dónde tiene la mayor reserva mineral?

En el hueso. Por lo tanto, va robando los minerales que forman la estructura ósea, dejando al hueso desnutrido.

Los lácteos no son la solución, son el problema.

Desde pequeños nos ha dicho que bebamos leche para tener unos huesos fuertes.

Desmontemos el mito. La leche, por supuesto es rica en calcio, pero no se absorbe debido a que es deficitaria en magnesio, aporta un exceso de fósforo y es acidificante. Por lo tanto, el calcio queda en el torrente sanguíneo, pudiendo formar “piedras en el riñón” y calcificaciones óseas en las articulaciones.

Si quieres tener unos huesos fuertes debes elegir alimentos que contenga tanto calcio como magnesio. La deficiencia de magnesio puede causar una mala absorción de calcio en el organismo. Una ingesta deficiente de este mineral, unida a un exceso de fosfatos (alimentos ricos en fósforo como las carnes o las verduras, hortalizas y frutas cargadas de fertilizantes), dificulta el metabolismo óseo del calcio. De ahí que, por mucho que se ingiera a través de los alimentos, si hay deficiencia de magnesio, lisina y boro, es difícil que el calcio se absorba. Por esta razón, es necesario cubrir también las necesidades de magnesio y no abusar del fósforo.

Más que la cantidad de calcio aportada por la dieta tiene importancia, además de los minerales implicados y vitamina D, la fracción neta absorbida en el intestino, por ello, es importante tener una microbiota intestinal equilibrada, así como la mucosa del intestino.

Sigue estas pautas generales:

  • Toma un vaso de agua templada con 3-4 gotitas de limón en ayunas, antes de desayunar.
  • No tomes zumos pues al quitarle la fibra, el azúcar de la fruta (fructosa) se absorbe con mucha rapidez y estimula la insulina, el almacenamiento de grasa y la inflamación.
  • No mezcles féculas en la misma comida: pan, pasta, arroz, patatas, plátano, maíz, remolacha, calabaza, porque también activan la insulina.
  • Modera la cantidad de sal. En caso de retención de líquidos es recomendable la “sal sin sodio”.
  • Aumenta el consumo de alimentos ricos en fibra, vegetales, fruta de temporada, cereales integrales, legumbres, frutos secos, semillas y germinados.
  • Elige alimentos ecológicos, libres de fertilizantes, pesticidas, herbicidas….
  • Toma un caldo depurativo, por lo menos 3 días a la semana.
  • El ejercicio físico favorece la mineralización ósea y activa tu metabolismo.
  • Reduce el estrés, ya que estimula la insulina Es recomendable practicar técnicas de relajación o yoga.
  • Toma el sol para obtener vitamina D.
  • Evitar el estreñimiento.
  • Lleva una dieta hipocalórica y alcalinizante, sin abuso de carne, dando preferencia a pescados y legumbres.
  • Consume alimentos ricos en Boro, mineral que interviene en el metabolismo del calcio, magnesio y fósforo, favoreciendo el mantenimiento óseo.

 

Consejo: Equilibra tu pH para evitar la pérdida de minerales

El exceso de alimentos acidificantes, favorece la pérdida de sales minerales: calcio, magnesio y fósforo (osteoporosis, debilidad de cabello, uñas y dientes); hierro en los glóbulos rojos (anemia). Incluye más alimentos alcalinizantes en tu alimentación y toma cada mañana en ayunas un vaso de agua templada con 3-4 gotitas de limón.